En esta fechas tan señaladas, compartimos momentos inolvidables con las personas mas allegadas y que aún permanecen en este mundo, pero a pesar de la intención de alegría que se le supone y ponemos, no deja de ser contradictorio que nos acordemos, inevitablemente, de los que no están. Siempre nos queda la sensación de vacío y soledad, máxime en una sociedad donde las distancias geográficas se reducen en la misma proporción que aumentan las familiares.
Las familias se ven quebradas y partidas por la rotura de los vínculos matrimoniales y, sus miembros, perdidos en la vorágine de contradicciones morales y legales que los envuelven. Quisiera hacer una llamada de atención a la cordura y sensatez de aquellos que utilizan a los mas débiles e inocentes como arma arrojadiza sin prever la consecuencias de su actitud, los niños.
Hoy os pido que dejemos de ser egoístas y ponernos en la piel de nuestros hijos, que sin entender muy bien que ocurre y sobre todo porqué, asisten con complejo de culpa a una guerra que no tiene justificación. Pensemos solo en ellos y el daño que podemos seguir causándoles con una actitud beligerante e intransigente, demostremos lo que nos importan cediendo todos un poco y buscando acuerdos que seguro nos satisfarán.
Volviendo al inicio, tengamos un momento para recordar a los que, habiendo recorrido una parte de sus vidas junto a las nuestras, ya no pueden acompañarnos. Pero hagámoslo buscando solo aquellos recuerdos maravillosos y entrañables y, a los que ahora, con el paso del tiempo, damos el valor que merecen.
¡Que la paz inunde nuestros corazones!.