Así de rotundo sonó en sus labios, no dudó ni vaciló un solo segundo, tampoco le sorprendió mi nombre a pesar de la similitud.
Ya no rodeaba su muñeca izquierda la pulsera de emergencia, en su lugar un esparadrapo sujetaba un trozo de algodón aún manchado de sangre. Seguramente, la vía intravenosa que le pusieron en el hospital, al serle retirada, había dejado su huella.
La ambulancia acababa de dejarlo en casa y se limitó a sentarse en el
umbral, despeinado, bragueta abierta y camisa fuera del pantalón. Era
medio día, una hora distinta, y sentí la necesidad imperiosa de
hablarle, "ahora o nunca, me dije" y durante los seis o siete
minutos que duró nuestra conversación supe que tenía 87 años, que toda
su vida laboral ejerció la profesión de pocero, lo que según él, era la
causa directa de sus males y achaques, le había resultado muy duro picar el suelo con los rudimentarios medios de los que se
disponía en aquellos tiempos. Era soltero, su hermana que vivió en el
piso superior de la casa, había fallecido muchos años atrás, ahora
estaba totalmente solo, una señora de la beneficencia acudía a diario
para realizarle las labores de limpieza, pero no cuidaba de su alimentación.
Se limitó a explayarse hablándome de sus dolencias cuando le pregunté que tal se encontraba. Sus cuatro días de ingreso no las mejoraron, al contrario, la incontinencia, obstrucción intestinal, insuficiencia respiratoria y fuerte anemia, no le abandonaban a pesar de los tratamientos, su frase: "Yo ya lo tengo todo hecho, solo me queda esperar a la de la guadaña", resumía perfectamente su estado de ánimo y la resiganción que le invadía.
Ni siquiera su aspecto, tan aseado las veces anteriores, indicaba otra cosa. Estaba convencido de que pronto tendría que volver a ser ingresado, sentía molestias intestinales y un rictus de dolor acompañó su gesto al tocarse el vientre, auguraba que sería la última vez, que presentía que su momento estaba muy cercano. Creo que lo decía como una liberación, la naturalidad con que lo expresaba era mas deseo que temor.
Ya hace mas de tres semanas que no lo veo, su puerta y ventanas a la calle permanecen cerradas, no sé si estará ingresado o si como me temo... o mejor puedo decir, me alegro, su espíritu se habrá liberado de la prisión de su castigado cuerpo y por fin habrá cruzado el umbral hacia la libertad.
¡Suerte amigo Leandro, donde quiera que estés, goza de tu merecido descanso!.
2 comentarios:
Yo también creo que se ha liberado del caparazón, y ya es espíritu libre en otra dimensión. Bueno, ya esto lo creo menos, pero ojalá fuese cierto.
Abrazos
La puerta y las ventanas de su casa siguen cerradas a cal y canto; si por fin se ha liberado de su cansado y maltrecho cuerpo, ahora su espíritu se habrá enriquecido con el sufrimiento de esta vida y se estará preparando para la siguiente.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada