¡Buenas tardes!.
Uno tras otro, indefectiblemente, hacia las 20.15 horas de cada día laborable y al llegar al umbral de su humilde casa, donde está sentado en posición casi fetal, cruzo este saludo sin saber muy bien quién lo inicia de los dos. Miradas de soslayo, la suya hacia arriba sin mover la cabeza, solo sus ojos busca los míos, yo los encuentro y, rápidamente los aparto mientras sigo adelante mecánica y rutinariamente mi camino.
Hace ya unos meses que realizo a pié el mismo recorrido al regresar a casa, y desde hace dos, tengo esta ...... ¿relación?..... con un señor que no conozco de nada, ni siquiera se como se llama. Estimo que tendrá unos 90 años, siempre está solo, arreglado, limpio y aseado, como cuando en su juventud debía hacer los domingos por la tarde, a su lado, sobre el umbral, un pañuelo blanco. La calle es estrecha y corta, apenas transitan coches y menos aún personas a pié, unos portales mas arriba, en la acera de enfrente, tres señoras toman el fresco sentadas en sillas mientras no paran de hablar.
Cuando entro en esa calle me pregunto a diario si estará hoy el señor del umbral; existe una ligera cuesta en el centro y hasta que no llego a esa posición no puedo divisar su puerta. Se produce en mi interior una contradicción, me gustaría encontrarlo pero tal vez no me alegraría, sin embargo, al ver a lo lejos sus piernas y rodillas posadas en la acera me digo que me detendré y hablaré con el para saber de su vida, no obstante, al llegar a su altura solo sale de mi interior el "hola" o las "buenas tardes".
En su muñeca izquierda una pulsera de plástico blanco con un gran botón rojo en el centro me dice lo que ya intuía, vive y está solo todo el día, no tiene mas contacto externo que ese rato de la tarde mientras la temperatura, el tiempo y su precaria salud se lo permitan. Agota los últimos momentos de su vida esperando que llegue la hora de hacer su postrero y largo viaje final; casi como un castigo aceptado, cierra cada día la puerta de su casa al ponerse el sol suponiendo que pueda ser la última vez que vea su luz.
¿Que sentiré yo la tarde que falte a la cita, alegría por su liberación o pena por su ausencia?. En la próxima ocasión, y espero no sea demasiado tarde, me detendré y sentaré a su lado.
4 comentarios:
La vida, tal como la llevamos, es puro vértigo.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que nos perdemos, párate y habla con él, por esto no pierdes tu tiempo, al contrario lo ganas.
Una de las cosas por la que me encanta Portugal, es precisamente porque parece que el tiempo se detenga (no lo digo porque sea una hora menos), y se valora a las personas (no a la gente).
Párate y habla…… siempre tienes tiempo de correr.
Un abrazo
Espero que te decidas a hablarle antes de que eso no sea posible.
Creo que llegado el día que falte a esa cita especial te sentirás fatal.
Hay veces que se crea una complicidad mayor con un desconocido que con los que rozamos a diario.
Abrazos
Me gusta esta entrada, hablale ya veras como merece la pena ;-)
He podido hablar con el. Casi todo lo que intuía, se confirma. En la próxima entrada, con más tiempo del que dispongo ahora continuaré.
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