El sueño del ser humano desde que adquiere conciencia es sentirse libre. Por ese ideal se han vertido mucha sangre y tinta en aras de su consecución. Todas las guerras y revoluciones han tenido un componente de libertad, o al menos, se las ha enmascarado con ese sentimiento para que parecieran menos cruentas, sin advertir que con tal instrumento, unos cuantos, solo pretendían imponer sus ideales y pensamientos para eliminar los de otros, es decir, quitarles su libertad.
Al principio de los tiempos solo tenían un componente de supervivencia, arrebatar tierras y lugares que proporcionaran un mejor hábitat a la comunidad a la que se pertenecía, o únicamente apoderarse de sus bienes.
Cuando Constantino eligió la Cruz como emblema de su lucha por el poder y signo de su victoria, la humanidad, sin percibirlo, empezó a asumir la mezcla religión-política, a luchar por imponer a otros sus creencias e ideales.
¿Es distinta nuestra libertad de la de los demás?. Deberíamos pararnos a pensar que cuando no estamos de acuerdo, o pretendemos que los demás piensen u obren como nosotros, estamos coartando la suya, que la solución es el diálogo, el respeto, y la consideración hacia los pensamientos y acciones de nuestros semejantes, que tal vez tengamos algo que aprender y mejorar.
Saber escuchar es sinónimo de inteligencia y, asimilar experiencias nos hace crecer desde la humildad, creernos en posesión absoluta de la verdad es perder nuestra libertad y cercenar la de los demás. La tolerancia debería ser una de nuestras banderas.
Finalmente, al hilo de las revueltas sociales que se viven actualmente en todo el mundo, creo que la libertad mal entendida, y aplicada por aquellos que al amparo de las mismas las convierten en libertinaje, hacen que tengamos que replantearnos si es conveniente revisar el modelo social y restringir parte de las mismas.
Deberíamos empezar por la educación desde los colegios y nuestros hogares, inculcando en las mentes de los niños que el respeto a los demás, a la naturaleza y el uso adecuado de los recursos, así como el compartir, suman bienestar a la comunidad y por ende revierten en el nuestro propio. Que no estamos aquí para competir sino para sumar y compartir, que cuidar a la madre Tierra es nuestro primer objetivo y, ayudar en la medida de nuestras posibilidades al que lo necesita, nuestra mejor recompensa.
Al principio de los tiempos solo tenían un componente de supervivencia, arrebatar tierras y lugares que proporcionaran un mejor hábitat a la comunidad a la que se pertenecía, o únicamente apoderarse de sus bienes.
Cuando Constantino eligió la Cruz como emblema de su lucha por el poder y signo de su victoria, la humanidad, sin percibirlo, empezó a asumir la mezcla religión-política, a luchar por imponer a otros sus creencias e ideales.
¿Es distinta nuestra libertad de la de los demás?. Deberíamos pararnos a pensar que cuando no estamos de acuerdo, o pretendemos que los demás piensen u obren como nosotros, estamos coartando la suya, que la solución es el diálogo, el respeto, y la consideración hacia los pensamientos y acciones de nuestros semejantes, que tal vez tengamos algo que aprender y mejorar.
Saber escuchar es sinónimo de inteligencia y, asimilar experiencias nos hace crecer desde la humildad, creernos en posesión absoluta de la verdad es perder nuestra libertad y cercenar la de los demás. La tolerancia debería ser una de nuestras banderas.
Finalmente, al hilo de las revueltas sociales que se viven actualmente en todo el mundo, creo que la libertad mal entendida, y aplicada por aquellos que al amparo de las mismas las convierten en libertinaje, hacen que tengamos que replantearnos si es conveniente revisar el modelo social y restringir parte de las mismas.
Deberíamos empezar por la educación desde los colegios y nuestros hogares, inculcando en las mentes de los niños que el respeto a los demás, a la naturaleza y el uso adecuado de los recursos, así como el compartir, suman bienestar a la comunidad y por ende revierten en el nuestro propio. Que no estamos aquí para competir sino para sumar y compartir, que cuidar a la madre Tierra es nuestro primer objetivo y, ayudar en la medida de nuestras posibilidades al que lo necesita, nuestra mejor recompensa.
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