domingo 17 de julio de 2011

Sacrificio inútil.


Agonizaba lentamente y sin embargo en la comisura de sus labios se adivinaba una media sonrisa de felicidad. El dolor de sus entrañas y las sombras de la muerte se mezclaban con la penumbra del estrecho e incómodo recinto de aquel hospital situado en una pequeña localidad del este de la India a donde su padre la llevó tras peregrinar de médico en médico buscando su salvación. Fue inútil, el venenoso pesticida Thiodan acabó con la vida de la pequeña.
Sólo tenía doce años, pero Mumpy Sakar, que aún jugaba con su hermana Mónica a las muñecas, había oído hablar últimamente a los adultos de su entorno que solo un trasplante de ojos podría devolver la vista a su padre, y otro de riñón, la de su hermano mayor. Entendió que la supervivencia de todos ellos dependía de un donante que nunca llegaba.
Las condiciones de penuria diaria se incrementaban al no poder trabajar los varones de la casa y tomó una terrible decisión. Alertó a su hermana Mónica de que se inmolaría para salvar las vidas de su padre y hermano siendo el donante tanto tiempo esperado. Como si fuera uno mas de sus juegos y fantasías, Mónica jamás dio crédito a sus palabras y las olvidó. Un día después de la cremación de sus restos por el rito tradicional hindú, descubrieron una carta en el lecho de la pequeña Mumpy anunciando su propósito y deseo. Había sacrificado su vida por la de su padre y hermano, que a su vez significaba la de toda la familia inútilmente, ahora no había órganos que donar. Su madre entró en estado de shock al conocer la noticia.
Hasta aquí la crónica de un suceso lamentable que nunca debió ocurrir, pero sucedió....... y ahora que no tiene solución, ¿que lección extraemos?. Indudablemente, la de amor que nos ha dado Mumpy es la mayor de todas, pero los adultos somos los responsables de que hechos como éste ocurran y .... ¿cual es la causa?. "La excesiva e inadecuada información".
Hacemos partícipes a los pequeños, cuyas mentes aún no gozan del adecuado raciocinio, de todos y cada uno de los avatares que ocurren en nuestro entorno, les permitimos opinar y hablar, incluso contradecir o decidir sobre asuntos familiares. Les tratamos como adultos pequeños que gozaran de los atributos y cualidades que sólo el tiempo y un proceso natural de aprendizaje otorgan al ser humano. Por comodidad, dejadez, o simplemente porque nos hace gracia verlos desenvolverse como si fueran adultos en el cuerpo de niños, les pedimos opinión y nos dejamos influir para no contradecirlos, poco a poco nos convertimos en sus marionetas y ellos en pequeños tiranos que pasan de bebés a adultos sin el tamiz y aprendizaje de la niñez, la pubertad y la juventud que es el proceso natural de su formación mental.
Evitemos y reconsideremos los temas y palabras que decimos en presencia de los menores y pongámonos cada uno en su lugar. El exceso de información puede ser muy grave cuando llega a oídos inexpertos e inadecuados.