martes 29 de marzo de 2011

Ángeles.


Todos estamos de acuerdo en creer que existen, sobre todo cuando sucede algún hecho que consideramos inexplicable y milagroso, generalmente a un niño, y lo atribuimos a su intervención.

Desde pequeños se nos ha inculcado la existencia del Ángel de la guarda, y sobre nuestras cabezas, en nuestro lecho, colgaba un cuadro con la imagen de unos niños jugando ante un evidente peligro, y detrás, con sus blancas alas y sus brazos extendidos, su figura protectora.

No obstante los situamos en otra dimensión y mundo ajeno a este en el que nos encontramos y, lo que es peor, solo nos acordamos de ellos para pedirles ayuda, también agradecersela cuando intuimos su intervención ante un hecho concreto y extraordinario.

Asumimos la existencia de estos ángeles invisibles mientras pasan desapercibidos para nuestros sentidos los ángeles humanos, si...... de carne y hueso, esos que a diario hacen una labor silenciosa sin mirar a quien ni porqué, que desinteresadamente dedican su tiempo y esfuerzo para sacrificarse por una causa noble sin esperar nada a cambio y, que la mayor parte de las veces, nos devuelven una sonrisa a cambio de nuestra indiferencia o menosprecio.

No se necesitan unas alas en la espalda, solo la fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio, junto a una gran dosis de humildad, para parecer un ángel ante los ojos del enfermo o caido que sumido en el dolor, físico o moral, solo necesita ser escuchado o acompañado en su desdicha para reconfortar su corazón y tener una ligera esperanza ante el negro futuro que en ese momento se les presenta.

El contrapunto a los ángeles son los demonios, por desgracia cada día aumentando en número y maldad, haciendo de este mundo un auténtico valle de lágrimas inhóspito y materialista donde solo prima el egoismo y la insensibilidad hacia los débiles.

Mi reconocimiento y alabanza hacia los que luchan porque triunfe el bien, a pesar de los obstáculos e, incluso, jugandose su propia existencia en pos de ese ideal de entrega a los más necesitados y oprimidos; necesitamos su fuerza, valor y sacrificio para conseguir mantener la esperanza de que esta sociedad aún tiene posibilidad de salvarse a si misma.

2 comentarios:

Trini dijo...

He perdido un buen grado de fe, pero conservo intacta la que tengo a los ángeles:los divinos y los humanos. Seré cándida, no lo niego, pero así es.
Claro que, también tengo claro que estamos saturados de ángeles negros y, conforme cumplo años, la lista engorda...

Abrazos y ángeles.

PD: había olvidado ese cuadro:)

boreal dijo...

Los ángeles negros no aumentan porque cumplamos años, lo hacen a medida que la sociedad se olvida de los auténticos valores y se refugia en el egoismo materialista.

Que los ángeles te acompañen.