sábado 19 de febrero de 2011

Carta abierta.


Cogidos del brazo, apoyados en la fe, sumidos en el dolor, caminábamos al compás de la ilusión por los largos y eternos pasillos de la esperanza. Ahora que no estás, ahora que me atrevo a recordar, ahora......, me vienen a la mente las largas horas y multitud de días que pasamos recorriendo aquellas inhóspitas galerías del hospital a la espera de la aplicación interminable y rutinaria del tratamiento químico que produjera el milagro de tu curación.
Cuando nos dijeron que lo tuyo era un tumor, el mundo desapareció a nuestro alrededor, por unos momentos me pareció que vivía una pesadilla. Tras mirarte a los ojos, tomé la determinación de ayudarte a sobrellevar la carga, de ser tu apoyo, de luchar juntos contra aquel poderoso y temible enemigo que amenazaba el camino que habíamos trazado lleno de planes ilusionantes para el futuro.
A pesar del mazazo recibido, creí ciegamente en la victoria. Era imposible que la justicia divina se ensañara con nosotros, no tenía sentido, El, no permitiría que ocurriera, se trataría de una lección para fortalecer más aún nuestro amor, una prueba para apreciar mas intensamente nuestra unión.
Tras decenas de litros y millones de gotas recorriendo y abrasando tus venas en busca del mal que las invadía, tras dejar con cada una de ellas un trozo de mi esperanza, sin querer admitirlo, comprendí que la lucha era inútil, el enemigo era muy poderoso, no se cansaba nunca, resurgía de sus cenizas con mas rabia e ímpetu cada vez. Al final llegué al convencimiento de que aprendió a alimentarse y fortalecerse con aquel inútil remedio químico del que al parecer, solo las multinacionales farmaceúticas obtienen beneficios.
El día estaba plomizo, la lluvia calaba hasta mis pensamientos mientras vagaba sin rumbo por aún no se que parte o lugar de la ciudad. Los doctores, tantos días insistiendo para que les permitiera sedar y apagar tus sentidos a fin de mitigar tu dolor, por fin lograron mi aprobación y, con el sentimiento de culpabilidad y las lágrimas anegando mi rostro y mi corazón, crucé las puertas del hospital rumbo a la desesperación.
Cuando sonó el teléfono, desperté a la realidad, miré a mi alrededor y tardé en ubicar mi posición. Al otro lado, una voz familiar me preguntó donde estaba, que era necesaria mi presencia inmediata a tu lado porque el tiempo llegaba a su fin, la negra noche se acercaba para acogerte en un eterno sueño sin retorno.
Parecías aguardarme para despedirte, tomé tu gélida mano, contemplé tu creciente palidez, crucé nuestras miradas mientras, lentamente, me decías adiós entornando tus cansados párpados y exhalando tu último aliento.
El porqué de escribir esto aquí y ahora tras tanto tiempo viviendo en mi interior, ni yo le encuentro explicación, tal vez sea mi deseo de liberación el que me hace sacarlo afuera para autoconvencerme de mi inocencia, en la seguridad de que hice todo lo humanamente posible y hasta donde mis fuerzas y entendimiento alcanzaron para evitarlo. Pero sobre todo, para abrir la puerta a la esperanza y la ilusión, dejar nuestros sueños y vivencias en un rinconcito especial de mi corazón y, saber que toda la felicidad que de nuevo pueda encontrar servirán para incrementar también la tuya allí donde quiera que puedas estar.


3 comentarios:

Trini dijo...

Pienso que has hecho bien en sacarlo a las afueras.
También pienso que no has de culparte de nada, eso sería una estupidez. Es lo que pienso. No fue tu culpa que enfermara ni culpable eres de toda la "catástrofe" que, no sólo en el enfermo, sino en toda su familia, produce esta enfermedad.

Es hora de volver al camino...

Un abrazo

boreal dijo...

Gracias Trini, creo que he encontrado de nuevo el camino y, ayudado por el crecimiento de haber ascendido un nuevo peldaño en mi evolución, estoy en condiciones de apreciar y compartir mejor los buenos momentos que nos otorga la vida.

Un abrazo.

reyes dijo...

No dudes ni un momento en que hiciste todo lo que estuvo en tus manos.Hiciste lo mejor, estar con ella en todos sus momentos, logrando que hasta el adios fuera un feliz sueño para ella: Estar Siempre contigo.
Que grande eres.
Reyes