miércoles 8 de diciembre de 2010

Navidad.


Sus ojos nunca habían podido contemplarlo a pesar de su avanzada edad, Felisa se sentía incompleta cuando se acercaba la Navidad, un sentimiento de esperanza invadía su corazón cada año al llegar tan señaladas fechas que se transformaba en frustración cuando tocaban a su fin.
Desde su niñez había oído hablar de el, en la calle, en los medios de comunicación, entre sus amistades, la familia, todos apelaban y aludían a sus excelencias y, porque nadie sabía explicarle en realidad que era, entender y conocer el "espíritu navideño" se había convertido en su obsesión, también saber porque para los demás era tan accesible y para ella tan esquivo.
Había decidido que este año sería por fin el de su encuentro con el "espíritu navideño". Haría lo que nunca quiso poner en práctica anteriormente y que por vergüenza o sentido del ridículo no se atrevió, preguntaría, si, si, solamente se trataba de eso, preguntar. Algo tan fácil pero que a ella le resultaba embarazoso porque, era tan obvio para los demás hablar de ello, que temió ser tomada y mirada un año tras otro como la mujer mas rara del mundo.
Salió a la calle armada de valor y dispuesta a acabar con sus dudas para conocer por fin el "espíritu navideño". Se encontró con el pastelero y su respuesta hizo alusión a las dulces y sabrosas viandas preparadas en su horno para disfrute de las gentes, especialmente de los niños. El Alcalde, señalándole las brillantes luces que adornaban la ciudad, respondía a su pregunta. En la tienda de la esquina le señalaban su luminoso escaparate inundado de motivos navideños.
Pero Felisa volvió a su casa mas triste que nunca, no entendía ni podía admitir que algo tan material fuera lo que tanto anhelaba encontrar. Ni siquiera cuando el pudiente vecino del tercero le recordó que el sentaba un pobre a su mesa todos los años porque sabía que lo hacía para saciar su vanidad.
Aquella noche no pudo dormir con tranquilidad, la invadía la desazón y el desasosiego, era decepcionante el resultado obtenido después de tanta espera, se negaba a admitir lo que para los demás era tan evidente y sencillo.
Al día siguiente, ya sin ilusión, mientras volvía de su trabajo, en una esquina, encontró a un músico ambulante que con su violín alegraba la fría tarde a todos los transeúntes. Al pasar por su lado, casi sin querer, mientras depositaba una moneda en el suelo, le miró a la cara, percibió un brillo especial en sus ojos tras una mirada limpia y serena, con una media sonrisa cautivadora, el músico recogió la moneda del suelo y poniéndola de nuevo en la mano de Felisa le dijo:
"Gracias, muchas gracias señora, no estoy aquí para pedir dinero, solo pretendo hacer llegar mi música al corazón de la gente y saber que la reciben, esa será mi mayor recompensa y felicidad, ser útil a los demás".
Mientras guardaba la moneda, Felisa le sonrió de la forma mas tierna y cariñosa en que lo había hecho jamás para a continuación desearle desde lo mas profundo de su corazón:
"
!!Feliz Navidad¡¡".
Se alejó al son de la dulce melodía del violinista con la sensación de sentir la mas serena y relajante armonía en su interior.
Esa noche, antes de quedarse dormida plácidamente, pudo darse cuenta que por fin había comprendido que era el verdadero "espíritu de la Navidad". Cada persona lo entiende a su manera y en función de su evolución, pero el auténtico "Espíritu" está en nuestro interior, no esperando recibir, sino para darse a los demás a cambio de la satisfacción de ser útiles.

Pacientes lector@s, que el Espíritu Navideño llene vuestros corazones y satisfaga todas vuestras ilusiones.


2 comentarios:

angel dijo...

Estoy de acuerdo y me gustaría poner énfasis a que siempre debería ser Navidad sin que lo material,como el bombardeo televisivo,tenga que recordar el espíritu del que hablas ya que es GRATIS tenerlo.


¡Paz para tod@s!

Trini dijo...

Tampoco ha de ser exclusivamente navidad para que hallemos ese espíritu, a veces nos topamos con él en pleno agosto, por decir algo.
Quizá en navidad estemos más predispuesto a ello.

Me ha gustado el relato y te deseo que halles el espíritu por todos los puntos donde transites.

Abrazos