miércoles, 1 de septiembre de 2010

Pasado y presente.


Desde el respeto que me merece cualquier persona solo por el hecho de serlo, sin importar su condición ni situación, no participo del estado en que se sitúan algunas de ellas para hacerse permanentemente esclavos del pasado.
El ser humano es un espíritu en constante evolución hacia la perfección que lo acerque a la comunión con los demás en el concepto Dios. Lastrarse con limitaciones impuestas por hechos o estados del pasado frena esa evolución y condiciona su futuro.
Pero, porqué unas personas pueden aparentar frialdad e irrespetuosidad hacia los que abandonaron este mundo ante los ojos de aquellos que consideran que se debe respetar su memoria como si ello pudiera producirles un daño infinito en el lugar que estuvieren. ¿Debemos enterrarnos en vida junto con nuestros muertos?. Cada cual tenemos nuestro propio y respetable punto de vista.
El espíritu, liberado de la carne, accede a unos planos superiores donde la percepción y los sentimientos nada tienen que ver con los del ser humano de este mundo. Lo que se lleva es el concepto general y global de su paso por esta vida y los logros a nivel de crecimiento espiritual experimentados, dejando para este mundo los prejuicios y moralidades terrenales.
No pretendamos hacerlos felices flagelándonos con nuestra autoinmolación, pensemos y estemos seguros de ello, que a su nivel de consciencia y estado espiritual, quedarán liberados si ven en nosotros esa misma felicidad. Tal vez el problema resida en la manera de ver y enfocar nuestros sentimientos.
Y, como digo al principio, respeto aunque no lo comparta, a quien no esté de acuerdo.