
Aparecí un buen día por aquellas, para mi, desconocidas tierras. Casi sin darme cuenta, descubrí que no era la lejanía lo que me impidió conocerlas antes. En mi mente solo asociaba su nombre a la cuna del buen vino, y su capital, a la fácil y burda rima que al resto de españoles tanto nos atrae repetir a fuerza de ser originales y graciosos cuando, la mayoría, ni siquiera sabe que Logroño es la capital de esa misteriosa y atrayente comunidad.
Aquel ilusionante viaje, tenía una razón que a posteriori influiría decisivamente en mi futuro. Sin prever ni calcular consecuencias, algo habitual en mí cuando me dejo guiar por los impulsos de mis sentimientos, entré casi de puntillas en sus parajes, sus calles y sus gentes. Nada, a simple vista, diferente a cualquier otro lugar. Sin embargo, cuando tienes ocasión de relajarte y analizar lo que ocurre a tu alrededor, descubres que sí, que algo flota en el aire que atrae tus sentidos. Al principio, es la paz y normalidad que se respira, seguramente porque el que esto escribe, reside en una ciudad inmersa en el caos y las prisas propias de las grandes e inhóspitas urbes. Luego, cuando te relacionas con sus gentes, aprecias igualmente esa paz en sus limpias y sencillas miradas, algo que es imposible detectar en las esquivas y recelosas que ves en tu entorno habitual.
Tengo que reconocer que La Rioja me cautivó desde el primer día en todos los aspectos. Tal vez influyó y me ayudó a percibirlo, con mayor rapidez, la razón y motivo de mi visita, pero no dudo que si ese motivo no hubiera resultado tan positivo, habría regresado igualmente solo por inundar mis sentidos de las sensaciones tan placenteras que percibí. En sus ciudades y poblaciones se respira el cuidado por los detalles, pensados y realizados por y para sus habitantes, primando el peatón y los ciudadanos sobre la máquina, la cultura sobre la especulación, y el orden y limpieza sobre los intereses partidistas y electoralistas. Es la integración total y absoluta de las necesidades urbanas dentro del respeto al entorno y las tradiciones, con el aprovechamiento eficaz y coherente de los recursos existentes.
He vuelto varias veces, y con cada visita se acrecienta mi idea de que, en estos momentos, mi pensamiento de futuro a medio plazo es residir y formar parte de su ciudadanía. No he encontrado lugar mejor para desgranar y saborear todos los matices y sentimientos en el día a día de mis últimos años.
Aquel ilusionante viaje, tenía una razón que a posteriori influiría decisivamente en mi futuro. Sin prever ni calcular consecuencias, algo habitual en mí cuando me dejo guiar por los impulsos de mis sentimientos, entré casi de puntillas en sus parajes, sus calles y sus gentes. Nada, a simple vista, diferente a cualquier otro lugar. Sin embargo, cuando tienes ocasión de relajarte y analizar lo que ocurre a tu alrededor, descubres que sí, que algo flota en el aire que atrae tus sentidos. Al principio, es la paz y normalidad que se respira, seguramente porque el que esto escribe, reside en una ciudad inmersa en el caos y las prisas propias de las grandes e inhóspitas urbes. Luego, cuando te relacionas con sus gentes, aprecias igualmente esa paz en sus limpias y sencillas miradas, algo que es imposible detectar en las esquivas y recelosas que ves en tu entorno habitual.
Tengo que reconocer que La Rioja me cautivó desde el primer día en todos los aspectos. Tal vez influyó y me ayudó a percibirlo, con mayor rapidez, la razón y motivo de mi visita, pero no dudo que si ese motivo no hubiera resultado tan positivo, habría regresado igualmente solo por inundar mis sentidos de las sensaciones tan placenteras que percibí. En sus ciudades y poblaciones se respira el cuidado por los detalles, pensados y realizados por y para sus habitantes, primando el peatón y los ciudadanos sobre la máquina, la cultura sobre la especulación, y el orden y limpieza sobre los intereses partidistas y electoralistas. Es la integración total y absoluta de las necesidades urbanas dentro del respeto al entorno y las tradiciones, con el aprovechamiento eficaz y coherente de los recursos existentes.
He vuelto varias veces, y con cada visita se acrecienta mi idea de que, en estos momentos, mi pensamiento de futuro a medio plazo es residir y formar parte de su ciudadanía. No he encontrado lugar mejor para desgranar y saborear todos los matices y sentimientos en el día a día de mis últimos años.
3 comentarios:
Nunca he estado en la rioja, pero con leerte dan ganas de pasar por allí. Espero que si al final te decides por ir a vivir allí seas feliz
Gracias, Eos, también Asturias me atrae enormente y seguro que si finalmente, recalo en La Rioja, al estar muy próximo, iré muy a menudo por esas también maravillosas, acogedoras, y tranquilas tierras que tienes la suerte de disfrutar a diario.
No he visitado nunca la Rioja, pero sí estuvo mi hermana y me habló muy bien de ella y, claro, como cada vez que me alaban una ciudad o paisaje, lo apunté en mi mente, para en un futuro visitarla.
Espero que allí seas feliz, si no para siempre, sí cuando en esas tierras te halles.
Saludos
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