A lo largo de nuestra vida terrenal, y mientras recorremos nuestro camino con la maleta a cuestas, encontramos a otros seres portando la suya.
Resulta curioso y extremadamente excitante detenerse un momento, sentarnos en cualquier lado, y observar que ocurre a nuestro alrededor:
Veremos aquel que camina a toda prisa, pensando que se trata de una competición para llegar primero, a no sabe qué, pero piensa que siendo el primero recibirá la mejor parte o el mejor premio. Consecuencia: no se entera de nada, es fugaz como el rayo, si no fuera por el estrépito que hace y lo que suele arrastrar a su alrededor, incluida alguna que otra persona que no tiene la menor culpa, pasaría desapercibido.
El caso contrario, aquel que le cuesta dar un paso; espera que alguien le ayude a caminar o le asegure que nada malo le pasará si decide continuar, y mejor aún si lo carga en su hombro y lleva el resto del camino. Consecuencia: habrá llegado donde tal vez no era su destino, ha condicionado a su portador y no habrá aprendido nada por sí mismo, tendrá que repetir curso la próxima vez.
¿Qué decir de aquellos que se dedican a poner zancadillas a los que pasan a su lado y no les caen bien por el motivo que fuere?. Su problema puede ser su propia incapacidad y espíritu egoísta de envidiar, en lugar de tratar de emular, a los que demuestren mejores comportamientos. Consecuencia: No sólo tendrán que repetir curso, sino que lo harán en un colegio de inadaptados hasta que aprendan la lección.
Caso contrario, aquellos seres especiales con una luz clara y atrayente, que iluminan nuestro camino, nos tienden su mano, ahuyentan nuestros pesares, arriman su hombro para que nos apoyemos, escuchan nuestros lamentos, cobijan nuestros miedos y ofrecen sus consejos. Todo desinteresadamente, sin pedir nada a cambio, su mejor recompensa es nuestro bien, aligerar nuestra carga y darnos ánimo para continuar…. Consecuencia: ayudándonos, se habrán ayudado ellos mismos. No hay mayor satisfacción personal que el sentirse útil y poder aliviar a los demás. Eso sí, no pueden hacer nuestro camino por nosotros, nadie puede hacerlo, tenemos que afrontarlo con determinación y resignación en muchos casos, estando atentos a las señales y recogiendo experiencias, buenas y malas, que iremos guardando en nuestra maleta. Es el bagaje que portaremos hasta nuestro destino final, para que cuando lo presentemos al otro lado, podamos demostrar lo que hemos aprendido esta vez. Según tus obras serás calificado, y emprenderás un nuevo curso acorde con tu grado de perfección.
A ti, que estás, o puedes estar, algún día en mi camino, te animo a seguir el tuyo con la seguridad y determinación de que al final del viaje merecerá la pena haber sido útil a los demás, aunque solo haya sido repartiendo sonrisas y palabras de aliento.
1 comentarios:
Preciosa entrada, me ha ánimado un poco hoy que tenía el día triste
Publicar un comentario en la entrada