domingo, 20 de septiembre de 2009

Esclavos de la libertad.

Si, aunque parezca un contrasentido, en eso es lo que yo creo nos hemos convertido. Esta sociedad tan libre, que dispone (según nuestros gobernantes) de las mayores cuotas de derechos humanos y administrativos jamas soñados, está secuestrada y encerrada por esa otra parte de insociables que sí saben hacer uso libertino de todos los resquicios que la maraña de leyes, reglamentos y disposiciones les permite, guiados por unos buitres con toga, que saben moverse entre la carroña de los pasillos y despachos de justicia cual serpiente sibilina, en pro de los "derechos" de sus representados a sabiendas que son más culpables que Judas.
Mientras, la otra parte de la sociedad sufre y se lamenta de su suerte sin comprender como hemos llegado a esta situación tan contradictoria con la lógica y el espíritu que debe inspirar la justicia. Los malos campando impune y jactaciosamente a sus anchas, incluso amenazando a los buenos, que perplejos y asustados a menudo tienen que pedirles perdón, unas veces por educación, otras por miedo y las más por temor a las represalias. En definitiva, se ha perdido el respeto a la ley y la justicia, y lo que es peor, a la
persona.
Y que hacen los gobernantes, no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo. Luchan, si luchan por su parte del pastel, sólo piensan en sí mismos y sus adláteres, para vivir y perpetuarse cómodamente en sus altos cargos mientras nos expolian en aras de una sociedad más justa y segura haciéndonos creer que protegen nuestros intereses. Sólo les importamos antes de las elecciones, tienen que obnubilar nuestras mentes para convencernos que votarles nos hará mas ricos, libres, y felices cada día que estemos bajo su protección, cuando la realidad es que los que obtendrán riquezas y protección serán ellos, la felicidad, por suerte no se obtiene ni asegura con la riqueza ya que es patrimonio del
alma.
A mi modo de ver, hemos hecho lo difícil, elegir un camino cada vez más complicado. La persona lleva grabados en el
alma los principios y leyes universales de justicia. Todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, y sólo la intencionalidad de los actos puede determinar una culpabilidad, busquemos un baremo de penalización, personas experimentadas que juzguen con el corazón y la razón sencilla de los hechos, y que se cumplan los castigos haciendo sentir al reo su necesidad por el error cometido.
En cualquier caso, amigos, la persona siempre es soberana, y en su alma lleva un tesoro de incalculable valor
"el libre albedrío", utilizémoslo justamente con nosotros y con nuestros semejantes y llevemos nuestra conciencia en paz. Al que no la tenga, que Dios se la demande.

1 comentarios:

Eos dijo...

Todos tenemo conciencia solo que algunos la tienen amordazada;-)