Resulta curioso, cuando menos, observar el proceso de envejecimiento de las personas.
Cuando somos niños necesitamos la ayuda de los demás, principalmente son nuestros padres los que nos la proporcionan, y el bebé parece tan indefenso que sólo nos inspira ternura y dedicación para satisfacer todas sus necesidades fisiológicas y de supervivencia.
Durante su infancia, nuestra preocupación es la de protegerle de los peligros que su inexperiencia pudiera acarrearle, y encauzar su educación cultural y moral para que no cometa los errores que nosotros creímos cometer.
Llegados a la adolescencia se desencadenan todas las fuerzas del averno. Padres e hijos, cada uno desde su punto de vista, parecen llevarse la contraria, nada de lo que se haga o proponga por cada lado encuentra lógica y conformidad en la otra parte; los hijos se vuelven ingobernables y los padres insoportables.
La juventud trae a nuestras vidas aires de renovación y de ruptura con todo lo establecido por considerarlo caduco y trasnochado, sólo nosotros estamos en posesión de la verdad y la razón. Hay que romper con todo lo establecido por nuestros predecesores por ser la causa de nuestra insatisfacción y los males de la sociedad.
La madurez nos hace recapacitar. Al vernos en la misma situación y papel de padres, empezamos a darnos cuenta del valor y abnegación de su labor y solicitamos su ayuda y consejo, aunque seguimos pensando que lo hacemos mejor y no cometeremos errores.
En la vejez, analizamos nuestra vida y llegamos a la conclusión de que hubiéramos cambiado muchas cosas en la misma si tuviéramos nuestra actual experiencia, y generalmente, tratamos de influir aconsejando, en las de los demás.
Finalmente, en la senectud, los papeles se invierten, los padres se convierten en niños necesitados de cuidados continuos, y los hijos en padres agobiados por las necesidades de los suyos quizá en el momento más inoportuno de sus vidas.
¿Qué conclusiones podemos extraer de este análisis? .Que no somos perfectos es evidente, bueno, excepto en la fase de nuestra vida cuando si lo creemos. Entonces ¿debemos asumir nuestra existencia como algo inútil y carente de sentido?. Nada mas lejos de la realidad, precisamente es de lo que se trata, de aprender en cada vida de nuestros errores y el que no crea en ello, estará de acuerdo conmigo en que nuestro ejemplo habrá influido, en mayor o menor medida, en los que nos rodearon a lo largo de ella. Incluso aquel que tuvo una vida desordenada y amoral nos habrá señalado el camino que nunca habremos de elegir.
Paciente lector@, asumamos nuestro paso por la vida con naturalidad, actuando en conciencia, tratando de ser justos con los demás sin hacer daño intencionado, valorando y viviendo lo recibido sin envidiar al prójimo, andemos nuestro camino dejando un buen ejemplo para los otros viajeros y….. ¡el resto nos será dado por añadidura!.
1 comentarios:
Me gusta tu post.La vida siempre es bella.;-)
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