sábado, 11 de abril de 2009

Semana.... ¿Santa?.


Siempre había asociado la Semana Santa a un periodo vacacional mas o menos largo. Cuando era joven, y hasta hace unos años, significaba ir al pueblo para ver a mi familia y los lugares y gentes con las que pasé mi niñez y adolescencia. La única diferencia respecto al periodo vacacional de verano era que había misas y procesiones.
Nunca me he decidido a pensar en el auténtico significado de la
Semana Santa. Por un lado, era como algo impuesto por la costumbre y el entorno y era mas fácil dejarse llevar, que por el otro, donde la conciencia me incomodaba al no querer sentirme culpable de mi frivolidad.
Pero esta vez, y aprovechando que no he cumplido con la tradición de la visita rural, no quiero dejar pasar la oportunidad de apelar a mi
yo interno para analizar el otro lado; el espiritual de la Semana Santa.
No quiero profundizar ni deseo crispar o herir la sensibilidad de mis pacientes lectores sobre rituales, religiones, políticas o mercantilismos. Solo me interesa el ser humano como persona cuando es sincero y actua de buena fe, se respeta a si mismo y a los demás y no trata de imponer su criterio, fuerza o posición.
Tras ver en TV la salida en procesión de varios pasos, observé los rostros llorosos y esforzados de los "anderos o costaleros" y me llenó de satisfacción saber que esas personas y las allí presentes, mas allá de la costumbre, el tipismo, la curiosidad y los diferentes motivos e intereses que los hubieran llevado, respiraban y reflejaban un aire de
espiritualidad que hacia aflorar el ser interno que albergamos. Me confortó saber que somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos con muy poco esfuerzo y deseé que tras esa experiencia mas o menos breve, perdamos el miedo, nos quitemos la coraza y nos acostumbremos a hacerlo mas a menudo por la satisfacción que nos proporciona, a nosotros, y a los que nos rodean.
No quisiera desviarme del tema principal, el sentido de la
Semana Santa. El centro de todo es la pasión de Cristo. Pero que sentido tiene que un ser de la dimensión de Jesús, se deje atrapar, vituperar, escarnizar, ridiculizar y crucificar por su propio pueblo que nunca entendió o quiso entender lo que decía y proponía. Dos mil años después no hemos aprendido la lección, somos fariseos en el templo, camellos en el ojo de la aguja, prejuzgamos Magdalenas, nos lavamos las manos ante situaciones incómodas, imitamos a Judas por menos de treinta monedas, negamos mas de tres veces por miedo, como Pedro, dejamos libres al orgullo y la sin razón de los Barrabases de turno e incluso los aclamamos, en el camino negamos la mano, el pan y el agua al afligido y necesitado, y finalmente crucificamos o dejamos crucificar niños, mujeres, emigrantes, padres, hijos, hermanos, parejas, o personas elegidas al azar. ¿Será necesario que vuelva Cristo para reconducirnos?. ¿Tendremos solución?. ¿Encontraremos antes del abismo el camino correcto?. ¿Cuantos caeremos en él antes de que la Conciencia Global y la Masa Crítica consigan sensibilizar nuestra sociedad?.
Junto a
Jesús fueron colgados dos malhechores, uno se mofaba de su situación, asumida aún con su poder y gloria, el otro lo mandó callar, se arrepintió de sus pecados y le pidió que le llevara con él a su reino. ¿Cual de ellos podrías ser tu?.

2 comentarios:

Eos dijo...

A mi me gustaría contestarte que yo sería el que le pidió que se acordara de él cuando estuviese en su reino... Pero me equivoco tantas veces y hago tantas cosas mal que no puedo más que agachar la cabeza y pedirle a Dios cada día que me ayude a ser mejor persona

boreal dijo...

Eos, lo importante es ser consciente de nuestras imperfecciones y ante todo, tener la conciencia tranquila, ya que la intención de nuestros actos es lo que verdaderamente cuenta. Saludos.