
Hace más de dos mil años que el Maestro Jesús encarnó en un cuerpo humano, fue una prueba de alta ingeniería genética conseguir que el mortal vientre de María albergara un espíritu de tan elevada entidad. Aquel 25 de diciembre la historia y los hechos demuestran tal acontecimiento, y sobre todo, hace incapié en lo humilde y natural de aquel nacimiento apesar de la magnitud del Ser que nos era enviado por el Espíritu Crístico a quien El llamaba Padre.
En pleno siglo XXI la sociedad no ha comprendido aún su misión. Nos hemos vuelto eminentemente materialistas, egoístas y demás ..istas imaginables. Nos resulta demasiado penoso desprendernos de nuestras riquezas y placeres para compartirlos, ayudar al necesitado, amar a nuestro enemigo, poner la otra mejilla, arrancar la parte de nuestro cuerpo que se escandaliza, perdonar a nuestros deudores, no juzgar a los demás, dejar de amasar riquezas materiales, no someter a los débiles y no caer en las tentaciones. Todo esto nos suena de algo. Claro, está grabado y es inherente al ser espiritual que llevamos dentro, todos comprendemos que así debe ser, pero estamos tan sumidos en el cuerpo físico y pegados al mundo material que nos rodea, que consideramos poco menos que imbéciles y tontos a aquellos pocos que se aproximan a estos ideales.
Jesús vino a recordarnos y actualizar, con la palabra y el ejemplo, lo que realmente somos y el camino más corto para llegar al Padre. A pesar de su poder sobrenatural, sufrió en su cuerpo físico desde su nacimiento más que cualquier otro mortal, además de vencer las tentaciones a las que durante 40 días fue sometido; para culminar su acto supremo de sacrificio humano, aceptando del Padre el cáliz de sangre necesario para otorgar el derecho de salvación al resto de la humanidad. ¿Existe muestra más grande de altruismo?.
Compañeros de viaje, a 25 de diciembre de 2008, aparquemos la crisis económica y las luchas religiosas y de poder político (al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios), tratemos de recordar y aplicar las enseñanzas de Jesús, y no contribuyamos a aumentar la crisis espiritual en la que estamos sumidos.
En pleno siglo XXI la sociedad no ha comprendido aún su misión. Nos hemos vuelto eminentemente materialistas, egoístas y demás ..istas imaginables. Nos resulta demasiado penoso desprendernos de nuestras riquezas y placeres para compartirlos, ayudar al necesitado, amar a nuestro enemigo, poner la otra mejilla, arrancar la parte de nuestro cuerpo que se escandaliza, perdonar a nuestros deudores, no juzgar a los demás, dejar de amasar riquezas materiales, no someter a los débiles y no caer en las tentaciones. Todo esto nos suena de algo. Claro, está grabado y es inherente al ser espiritual que llevamos dentro, todos comprendemos que así debe ser, pero estamos tan sumidos en el cuerpo físico y pegados al mundo material que nos rodea, que consideramos poco menos que imbéciles y tontos a aquellos pocos que se aproximan a estos ideales.
Jesús vino a recordarnos y actualizar, con la palabra y el ejemplo, lo que realmente somos y el camino más corto para llegar al Padre. A pesar de su poder sobrenatural, sufrió en su cuerpo físico desde su nacimiento más que cualquier otro mortal, además de vencer las tentaciones a las que durante 40 días fue sometido; para culminar su acto supremo de sacrificio humano, aceptando del Padre el cáliz de sangre necesario para otorgar el derecho de salvación al resto de la humanidad. ¿Existe muestra más grande de altruismo?.
Compañeros de viaje, a 25 de diciembre de 2008, aparquemos la crisis económica y las luchas religiosas y de poder político (al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios), tratemos de recordar y aplicar las enseñanzas de Jesús, y no contribuyamos a aumentar la crisis espiritual en la que estamos sumidos.

