sábado, 6 de diciembre de 2008

La soledad del verdugo


En mi memoria permanecen algunos fotogramas, en blanco y negro evidentemente, de aquella película del 63 de Luis Garcia Berlanga. El gran Pepe Isbert ejercía de verdugo, un verdugo en contradicción permanente con la imagen de bonachón y mosquita muerta que inspiraba su apariencia. Resignado en su papel de ejecutor como único medio de alimentar a su familia. Pero ..... ¿y su conciencia?. Si me metía en su piel, me sentía incómodo y rápidamente me alegraba no estar en su lugar. Ante todo, me inspiraba soledad.
Ahora 45 años después, los verdugos muestran una cara diferente. No matan por necesidad material o instinto de supervivencia, eso lo tenemos claro. Entonces, ¿porqué lo hacen?. Ellos dicen que por ideales o algo parecido, y yo no entro a intentar comprenderles porque jamás podría ponerme en su lugar, ni siquiera para imaginarmelo. Ahora no siento incomodidad, siento rechazo y repulsa por pertenencer a un género
¿humano? donde aún existe una sola persona que aliente, ordene o justifique tales ejecuciones.
En este punto busco respuestas, y como siempre que lo necesito, miro en mi interior tratando de encontrar sentido a la sinrazón. Pregunto a mi
yo interno y me susurra ... "La masa crítica".
Dicen que las personas, y por tanto la humanidad evolucionamos de dos modos: por el conocimiento y por el dolor. La primera es la más lenta y natural, la segunda es rápida y traumática. Un ejemplo: un padre recrimina verbal y continuamente a un niño para que no se acerque al radiador porque se quemará, y todos los padres vimos como en un descuido nuestro hijo se quemó, pero al mismo tiempo supimos que no lo volvería a hacer, había aprendido por fin la consecuencia y significado de nuestros consejos.
Nuestra sociedad es como un niño que necesita aprender, y si es por el dolor de un número cada día mayor de personas, aumentaremos esa
masa crítica necesaria para poner fin a esa barbarie de atentados aquí y en cualquier lugar del mundo. Esa masa crítica es el sentimiento espiritual que invade el universo a favor o en contra de lo que resulta evidente como justo y necesario y que los medios humanos no consiguen controlar. Es una ola alimentada de sentimientos de impotencia, que crece y crece con cada injusticia y sinrazón hasta que alcanza el punto ó masa crítica que desborda y extermina la causa que la originó, haciendo ver y comprender a la minoría restante lo innecesario y vil de sus acciones.
Verdugos de ETA, os queda nada, preparad vuestras almas ahora que aún podéis. Respetad las vidas humanas, dejad las armas, luchad en los
foros con las palabras y no imitéis a Judas. Vuestro tiempo ha llegado a su fin, coged vuestras treinta monedas, y el que tenga sus manos ensangrentadas que rece por su alma en su soledad o busque su olivo.