"Y Dios los creó hombre y mujer.......", en su infinita sabiduría comprendió que el uno necesitaba al otro, que ambos por si mismos resultaban incompletos, que se necesitaban para (la mayor de las paradojas) ser uno solo. Mas gráfico no puede ser el autor del génesis: "de una costilla de el hizo a ella y el la reconoció como sangre de su sangre".
El humano es el ser mas tozudo que habita la Tierra, se empeña día tras día y generación tras generación, en negarse a si mismo, en no querer mirar dentro de si, en buscar fuera las respuestas que tiene grabadas en su corazón habitado por esa esencia divina que es el alma.
La pareja es el estado ideal, por eso, instintivamente, nos pasamos la mayor parte de nuestra vida buscándola. Las diferentes maneras e intereses que focalizamos al hacerlo, se corresponden con nuestros ideales en ese momento: económicos, sexuales, románticos, familiares, etc. Pero fundamentalmente estamos influidos por nuestro grado de crecimiento personal.
A partir de aquí debemos valorar las dos opciones que realmente se producen en nuestras vidas: la primera es que si encuentras o crees encontrar a tu pareja ideal, o tal vez deberíamos decir, la otra parte de tu yo, no la dejes escapar o hagas lo necesario para intentarlo, y, la segunda, no te enlaces con cualquiera por el hecho de no quedarte solo/a porque es lo que la sociedad demanda; tiene mucho valor, y es mas gratificante, permanecer a la espera hasta que encuentres tu complemento, que errar en la elección.
Una vez emparejados, debemos permitir y hasta fomentar la individualidad de cada uno, hacer crecer al otro no desde la rivalidad, sino desde el apoyo, aprender a superar los momentos de dificultad juntos y celebrar juntos los éxitos, pero fundamentalmente, deben saber respetarse, porque respetándose, nos respetaremos a nosotros mismos desde el amor con el que fuimos creados.



