Ahora que no estás, quisiera decirte tantas cosas que no pude cuando tu maleta esperaba a la puerta. Ahora que no estás, siento un gran vacío que no lo puedo llenar con el recuerdo de los silencios. Ahora que no estás, la memoria de las sombras atrapan los deseos de lo imposible. Ahora que no estás, la realidad me devuelve a la triste y absurda imaginación. Ahora que no estás, percibo que solo soy una mitad. Ahora que no estás, la realidad es sueño y los sueños realidad. Ahora que no estás, entiendo tus miedos. Ahora que no estás, siento tu presencia mucho más. Ahora que no estás, el tiempo se detiene, la noche se ilumina y el día ya no lo es. Ahora que no estás, perdona mis errores, fueron sin maldad. Ahora que no estás, no tengo nada por lo que perdonarte. Ahora que no estás, quisiera ocupar tu lugar. Ahora que no estás, cariño...... ¡espérame en el cielo!.
¡Calla, .... que viene!. No importa, te encontrará. Aunque te ocultes en lo más recondito, ...... ella te hallará. Pero....., ¡necesito mas tiempo!, quiero seguir caminando contigo, de tu mano, junto a tí. Aún no hemos realizado ni la mitad de nuestros sueños.... Lo sé, mi amor, pero ella dice que tu tiempo terminó. Espero y deseo que sea porque nos hemos bebido toda la copa del amor en la mitad de ese tiempo que nos habíamos propuesto. ¡No quiero marcharme!. Soy muy joven aún, tengo cosas que hacer, gente a la que pedir perdón y otras que necesitan el mio. Pero sobre todo..... ¡quiero envejecer contigo!. Cariño, no se trata de lo que tú o nosotros queramos, es lo que antes de venir a esta vida acordaste contigo mismo. Porque no quisiera pensar que es para castigarme a mí o darme una lección, ya que me sentiría culpable de tu sufrimiento, y por otra parte no creo que mi vida valga más que la tuya. El sentido de tu sacrificio sólo lo hallaremos al otro lado, cuando volvamos a encontrarnos sin el lastre de este cuerpo físico, que en tu caso, ahora sólo es un sudario deforme y enfermizo tras más de cuatro años de enfermedad y lucha contra el destino. Tengo miedo, no sé que voy a encontrar, o tan siquiera si habrá algo más...... Ya lo sé tesoro, todavía no estás preparada. Siempre te has obstinado en hablar, ni tan siquiera pensar, en estos temas. Hubiera preferido un millón de veces ser yo el que tenga que hacer este viaje porque sabes que lo tengo muy asumido. Espero que con lo que hablamos hace unos días te resulte menos doloroso y terrible el trance de cruzar la frontera. Déjate llevar, no te opongas, en el fondo será una liberación, al otro lado encontrarás espíritus que te serán reconocibles y ayudarán a renacer en un lugar donde se cumplen todos los sueños, donde no hay miedos ni falsedades, donde no harán falta palabras para comunicarse ni pensamientos que ocultar. Si tu lo dices, yo te creo, pero no estoy segura. Aún así tengo miedo..... No te preocupes cariño, nada puede ser peor que ésto. Duerme, mientras ella llega yo velo tu sueño, estoy a tu lado con las manos cogidas, pronto terminará tu sufrimiento. Ya llega...., ya llega....., ssshhhhssss.....
Aunque es lo único seguro que sabemos nos tiene que suceder algún día, preferimos no hablar del tema; nos incomoda el solo nombrarla. Cuando somos jóvenes lo vemos como algo que sólo le sucede a los viejos y si le ocurre a una persona joven, o de nuestro entorno, lo vemos como una injusticia o un error del destino, incluso nos atrevemos a pedirle explicaciones a Dios echándole en cara su atrevimiento a llevarse un ser amado. En el fondo del tema subyace el desconocimiento. Si supiéramos algo más sobre la muerte, podríamos superar la mayor parte de ese miedo. Tal vez las enseñanzas recibidas durante nuestra infancia y juventud por parte de la familia (llenas de tabúes), y la tradicional e interesada de nuestros guias religiosos, sea del color y nombre que se desee imaginar ó suponer la tal "religión", nos han hecho considerar a la muerte como la más terrible, horrible, temible e increíble de las desgracias que nos puede acaecer. Imaginemos la oruga, a duras penas camina sobre sus frágiles patitas intentando esquivar todos los obstáculos y peligros que la acechan y rodean mientras busca su sustento, no sabe porqué, pero su instinto le dice que debe hacerlo. Cuando alcanza una relativa madurez, se encoge sobre sí misma y comienza a envolverse en hilos de seda que segrega su propio cuerpo. En una labor ímproba de esfuerzo conforme a su tamaño, termina envuelta en un hermoso capullo. Tras un tiempo, emerge una extraordinaria mariposa multicolor que a su vez deposita una semilla de la que volverán a nacer otras orugas. La naturaleza se encarga de aleccionarnos continuamente, pero no queremos ver lo evidente. La muerte en el ser humano es como el paso de oruga a mariposa. Hemos de despojarnos de la envoltura imperfecta que rodea nuestro espíritu si queremos elevarnos en el plano superior, donde tras un tiempo de reflexión y examen de lo vivido dentro del cuerpo humano, sabremos si necesitamos una nueva encarnación o, si habiendo alcanzado nuestra alma las enseñanzas y condiciones necesarias, podremos ascender a otro más cercano a Dios donde nos serán encomendadas otras misiones mas excelsas. Por tanto, no temamos a la muerte, es sólo despojarnos, en la mayor parte de los casos, de un cuerpo agotado, enfermo o inútil que nos ata a este mundo al que venimos para aprender. Sólo preocupemonos de sacar lo mejor de nosotros dándonos a los demás, no sólo con el ejemplo, para que aquellos que nos conocieron entiendan, o al menos, nos recuerden gratamente. Finalmente, recordad que lo que vemos cuando miramos a alguien es su envoltura, no importa si es de mucho valor físicamente, lo importante es lo que contiene. El ser que lleva dentro puede tener un valor incalculable espiritualmente. Aprendamos a mirar en nuestro interior y en el de los demás.
Si, aunque parezca un contrasentido, en eso es lo que yo creo nos hemos convertido. Esta sociedad tan libre, que dispone (según nuestros gobernantes) de las mayores cuotas de derechos humanos y administrativos jamas soñados, está secuestrada y encerrada por esa otra parte de insociables que sí saben hacer uso libertino de todos los resquicios que la maraña de leyes, reglamentos y disposiciones les permite, guiados por unos buitres con toga, que saben moverse entre la carroña de los pasillos y despachos de justicia cual serpiente sibilina, en pro de los "derechos" de sus representados a sabiendas que son más culpables que Judas. Mientras, la otra parte de la sociedad sufre y se lamenta de su suerte sin comprender como hemos llegado a esta situación tan contradictoria con la lógica y el espíritu que debe inspirar la justicia. Los malos campando impune y jactaciosamente a sus anchas, incluso amenazando a los buenos, que perplejos y asustados a menudo tienen que pedirles perdón, unas veces por educación, otras por miedo y las más por temor a las represalias. En definitiva, se ha perdido el respeto a la ley y la justicia, y lo que es peor, a la persona. Y que hacen los gobernantes, no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo. Luchan, si luchan por su parte del pastel, sólo piensan en sí mismos y sus adláteres, para vivir y perpetuarse cómodamente en sus altos cargos mientras nos expolian en aras de una sociedad más justa y segura haciéndonos creer que protegen nuestros intereses. Sólo les importamos antes de las elecciones, tienen que obnubilar nuestras mentes para convencernos que votarles nos hará mas ricos, libres, y felices cada día que estemos bajo su proteción, cuando la realidad es que los que obtendrán riquezas y protección serán ellos, la felicidad, por suerte no se obtiene ni asegura con la riqueza ya que es patrimonio del alma. A mi modo de ver, hemos hecho lo dificil, elegir un camino cada vez más complicado. La persona lleva gravados en el alma los principios y leyes universales de justicia. Todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, y sólo la intencionalidad de los actos puede determinar una culpabilidad, busquemos un baremo de penalización, personas experimentadas que juzguen con el corazón y la razón sencilla de los hechos, y que se cumplan los castigos haciendo sentir al reo su necesidad por el error cometido. En cualquier caso, amigos, la persona siempre es soberana, y en su alma lleva un tesoro de incalculable valor "el libre albedrío", utilizémoslo justamente con nosotros y con nuestros semejantes y llevemos nuestra conciencia en paz. Al que no la tenga, que Dios se la demande.
Mucho hay escrito, y mucho se seguirá escribiendo, sobre este escabroso e incomodo título. No pretendo sentar cátedra ni alarmar conciencias, sólo hacer reflexionar, o esbozar al menos, una leve sonrisa a quienes "pasan" de estos temas. Siempre he creído en la humanidad como conjunto de seres que evolucionan desde el interior, y en el camino de esa evolución, es necesario que sucedan acontecimientos que nos hagan recapacitar y reconducir la manada. Cada cierto tiempo surjen "avatares" o guias que nos indican por donde deberían ir nuestros pasos. Lo malo es que el ser humano en su aspecto material, su cuerpo físico, prefiere los atajos y comodidades que le lleven a saborear sólo lo bueno y evitar incomodidades y sacrificios; preferimos mirar a otro lado cuando atisbamos algo que nos pueda incomodar. Sólo nos interesa recibir, y cuando se trata de dar, buscamos una excusa para acallar nuestra conciencia. En los últimos años se han conseguido grandes avances en muchos campos sociales y económicos, pero la mayoría orientados al beneficio material de unos cuantos ignorando las necesidades básicas de muchos. Como consecuencia del enriquecimiento de esos pocos, se han producido daños irreparables al planeta, "nuestra madre", y sirven de mal ejemplo al señalar el camino a otros desaprensivos. Este tipo de actuaciones y otras derivadas de la debilidad del propio ser humano, han traído como consecuencia la degradación de nuestro entorno y el de la sociedad. Si, esta sociedad está enferma, sólo atrévete a mirar a tu alrededor ó enciende el televisor ó escucha la radio. Hijos que matan a sus padres, padres que aborrecen, abandonan y también matan a sus hijos, ancianos olvidados y hacinados en asilos ó su propia casa esperando la liberadora muerte, parejas que se agreden y asesinan, jóvenes que violan impunemente amparados en leyes obsoletas sin temor a castigo y que atentan contra los derechos de los indefensos, individuos que matan y asesinan fríamente a otros a sueldo o por robarles cualquier bien material de la manera más inhumana que se pueda imaginar, sin ningún tipo de remordimiento ni compasión. ¿Qué hemos hecho de estos seres humanos? si se les puede llamar así. ¿Acaso son necesarios para despertar nuestras conciencias?, para llevarnos a un mundo y una situación límite que nos haga despertar de nuestro cómodo sueño en el país de las maravillas y recordarnos que estamos aquí para aprender y avanzar como personas dentro de una sociedad. Siempre en situaciones de dificultad recuerdo el dicho de que para que algo se arregle definitivamente, es necesario que antes se estropee en su totalidad, que los paños calientes sólo sirven para alargar y enquistar la enfermedad, y que si es necesario amputar se debe hacer cuanto antes para que las secuelas sean menores, y darle la oportunidad de regeneración y comienzo desde una base sólida y saludable al resto. Es decir, yo asocio el "fin de los tiempos" al de esta perdida y errática sociedad que ya no consigue contentar a nadie y que pide a gritos que la salven. También ecológicamente hemos herido de gravedad a "nuestra madre Tierra" y como consecuencia nos envia huracanes, terremotos, inundaciones, y toda suerte de desastres naturales. Será necesaria una intervención traumática y dolorosa, pero los que sobrevivan podrán empezar de nuevo desde una base sólida y esperanzadora, de un futuro donde el ser interior que llevamos dentro será protagonista esencial. Habremos avanzado un paso más en nuestro nivel evolutivo.
Tras una corta estancia en mi lugar de origen, me surge la añoranza y me lanzo a mi baúl de los recuerdos.
Ahora encuentro una foto con un trofeo de fútbol en mis manos. No puedo imaginar que podría estar pensando en esos momentos, seguro que algo inocente y positivo ya que con esa edad (12/13) y en aquellos años no teníamos maldad de ningún tipo, excepto las travesuras propias de una generación que fue moldeada conforme a los principios del Movimiento Nacional.
A continuación encuentro otra, del año 72 aproximadamente (sobre los 20) de cuando tenía sentimientos y pensamientos poéticos, sentía que la vida era maravillosa y mi imaginación no podía entrever los sinsabores de la dura realidad. El idealismo y el romanticismo eran mi bandera. Se podría decir que tengo el aspecto del poeta frustrado que escribía lo siguiente:
EL VIAJE
El tren comenzó su marcha,
atrás quedó la estación,
oscura y vacía….
como una ilusión.
Horas lentas, de rápido caminar
sobre fríos raíles,
sobre rudos paisajes
recuerdos…., miles.
Mientras, en un departamento,
el fantasma del sueño
embriagando va
a quién le mira con desdeño.
Fuera, se hace la noche,
el cielo se cubre de estrellas
y en la inmensa oscuridad
hasta son más bellas.
Sigo en mí pensar
sin poder dormir;
en vano lo intento,
mi velar, no quiere morir.
¡Oh! Diosa del olvido,
ven en mi ayuda
y haz que mi memoria
se quede muda.
Mis sentidos, fatigados,
se posan sobre una ventana.
Allí empieza a dibujarse
otra fría mañana.
También era una mañana.
Yo estaba allí; su amante,
quieto, inmóvil,
delante.
El cielo gris nos miraba.
Solos allí; los amantes,
quietos, inmóviles,
delante.
Comenzó la lluvia,
caía sobre los amantes,
quietos, inmóviles,
delante.
Empapada mi ropa,
caló en mis huesos;
cada gota…..,
un beso.
¡Cuánto deseé ella se mojara!
los dos nos mojáramos,
más aquella losa la cubría
bajo los álamos.
Sobre la losa, un caracol,
sobre el caracol, su casa,
sobre su casa……,
¡nada!.
La lluvia sigue cayendo;
sobrela tumba una flor,
yo la había depositado
en recuerdo de nuestro amor.
Una pregunta en el silencio.
¿Me quieres?.........
Una gota cae sobre la flor.
¡Como lloran las mujeres!.
El agua cae sobre mí
y la fría piel del duro mármol
que al caer va lamiendo,
al sosiego del árbol.
Agua, árbol, flor,
¿quieres?......
Amor, caracol,
¡¿Billetes, por favor?!.
Cuanto más lejos, más se quiere.
Desde la distancia del tiempo, el pasado nos parece mejor. Tal vez será porque al conocerlo, no surge el miedo y el temor al futuro, ya que los hechos no se pueden cambiar y además podemos seleccionarlos a nuestra comodidad. Casi seguro que al igual que yo, vosotr@s tambien encerrais bajo siete llaves los desagradables y os sentis incómodos cuando intentan salir a la luz por el motivo que fuere.
Espero y deseo que los buenos recuerdos os permitan ser muy felices y los malos os ayuden a aprender para mejorar los futuros.
Resulta curioso, cuando menos, observar el proceso de envejecimiento de las personas.
Cuando somos niños necesitamos la ayuda de los demás, principalmente son nuestros padres los que nos la proporcionan, y el bebé parece tan indefenso que sólo nos inspira ternura y dedicación para satisfacer todas sus necesidades fisiológicas y de supervivencia.
Durante su infancia, nuestra preocupación es la de protegerle de los peligros que su inexperiencia pudiera acarrearle, y encauzar su educación cultural y moral para que no cometa los errores que nosotros creímos cometer.
Llegados a la adolescencia se desencadenan todas las fuerzas del averno. Padres e hijos, cada uno desde su punto de vista, parecen llevarse la contraria, nada de lo que se haga o proponga por cada lado encuentra lógica y conformidad en la otra parte; los hijos se vuelven ingobernables y los padres insoportables.
La juventud trae a nuestras vidas aires de renovación y de ruptura con todo lo establecido por considerarlo caduco y trasnochado, sólo nosotros estamos en posesión de la verdad y la razón. Hay que romper con todo lo establecido por nuestros predecesores por ser la causa de nuestra insatisfacción y los males de la sociedad.
La madurez nos hace recapacitar. Al vernos en la misma situación y papel de padres, empezamos a darnos cuenta del valor y abnegación de su labor y solicitamos su ayuda y consejo, aunque seguimos pensando que lo hacemos mejor y no cometeremos errores.
En la vejez, analizamos nuestra vida y llegamos a la conclusión de que hubiéramos cambiado muchas cosas en la misma si tuviéramos nuestra actual experiencia, y generalmente, tratamos de influir aconsejando, en las de los demás.
Finalmente, en la senectud, los papeles se invierten, los padres se convierten en niños necesitados de cuidados continuos, y los hijos en padres agobiados por las necesidades de los suyos quizá en el momento más inoportuno de sus vidas.
¿Qué conclusiones podemos extraer de este análisis? .Que no somos perfectos es evidente, bueno, excepto en la fase de nuestra vida cuando si lo creemos. Entonces ¿debemos asumir nuestra existencia como algo inútil y carente de sentido?. Nada mas lejos de la realidad, precisamente es de lo que se trata, de aprender en cada vida de nuestros errores y el que no crea en ello, estará de acuerdo conmigo en que nuestro ejemplo habrá influido, en mayor o menor medida, en los que nos rodearon a lo largo de ella. Incluso aquel que tuvo una vida desordenada y amoral nos habrá señalado el camino que nunca habremos de elegir.
Paciente lector@, asumamos nuestro paso por la vida con naturalidad, actuando en conciencia, tratando de ser justos con los demás sin hacer daño intencionado, valorando y viviendo lo recibido sin envidiar al prójimo, andemos nuestro camino dejando un buen ejemplo para los otros viajeros y….. ¡el resto nos será dado por añadidura!.